jueves, 19 de mayo de 2011

Carta 1.

Querida Alli:

Ya he llegado. El viaje ha sido tedioso y, en ocasiones, angustioso. Pero todos mis males se han curado al poner un pie en tierra, en La Toscana.
Oh, Alli, ¡ojalá estuvieras aquí! Desde las montañas hasta los valles, pasando por llanuras y depresiones, están cargados de encanto. Dudo que en otro sitio haya colores más vivos. El cielo es más azul y la tierra más verde que en cualquier otro lado.
Pero no quiero darte envidia, Alli. Espero que te esté yendo muy bien en Nueva York, con tu nuevo trabajo. Dale recuerdos al pequeño John de mi parte, y recuérdale el dinosaurio que le llevaré a mi vuelta.
Ahora mismo estoy en casa de los abuelos, sentada en el despacho del abuelo, escribiéndote mientras miro por la ventana. Son las doce de la mañana y los pájaros cantan en una bonita melodía que acompaña los aún más bonitos paisajes. No puedo dejar de admirarlos. El viento mece con suavidad los árboles del jardín, que siguen al compás la música de ópera que está escuchando el abuelo en el salón.
Aunque no tuviese demasiadas ganas de venir aquí a pasar el verano, a medida que transcurren las horas se va abriendo un abanico cada vez más amplio de posibilidades. ¿Qué te voy a decir, Alli? Ya me conoces y sabes que soy una optimista nata. Tan solo creo que tengo que esperar y aguardar. Estoy preparada para cualquier aventura que se me ofrezca, aunque sea tan solo sentarme en un banco y ver a la gente pasar.
Ojalá pudieses olerlo, Alli. La abuela está preparando pasta, una especie de "fusillis" he entendido. Toda la casa está impregnada del olor a orégano, queso y tomate. Mi ropa huele a ello, y estoy segura de que cuando me vaya a dormir hasta mis sábanas oleran a deliciosa pasta. Pero podría acostumbrarme.
En un rato iremos a la "piazza", Alli. Es una gran tradición poner un mercado ahí con pequeños tenderetes que venden deliciosas frutas, verduras, hierbas aromáticas, especias y gran cantidad de otras cosas. A mí me basta con oirles hablar italiano. Ya te dije lo irresistible que encontraba ese idioma y mis crecientes ganas de dominarlo.
Solo deseo vivir aquí algún día, y convertir todas estas maravillas en una rutina en mi vida. Tienes que venir, Alli, estoy segura de que adorarías hasta la más mínima hoja de  los árboles de la montaña.
Mañana te escribiré otra carta, Alli. El abuelo me llama para que les acompañe a la "piazza". Me voy corriendo, Alli, pero no me olvido de ti.
Con cariño,

                                         Casey.

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